Islam (2019) — Año: 2017–2019 — Óleo sobre lienzo — H 2,0 m × An 6,0 m
Islam (2019) — Año: 2017–2019 — Óleo sobre lienzo — H 2,0 m × An 6,0 m

Islam (2019)

Ensayo curatorial

En Islam (2017–2019), Gheorghe Virtosu construye un campo visual rigurosamente ordenado en el que la multiplicidad se contiene dentro de un sistema unificado de unidad. A diferencia de las obras anteriores de la serie 10 Religions, que enfatizan la expansión o la disolución, esta pintura articula una condición de coexistencia estructurada. Las formas no se dispersan en el flujo; más bien, persisten como entidades interconectadas regidas por un orden invisible pero omnipresente. La composición no funciona como una representación de la fe islámica, sino como una realización visual de su principio metafísico subyacente: la unidad como condición de toda existencia.

Este principio se alinea estrechamente con el concepto de tawḥīd¹, la afirmación fundamental de la unidad divina en el islam. Sin embargo, Virtosu no reduce la unidad a la singularidad. Por el contrario, la pintura muestra cómo la multiplicidad surge dentro de la unidad y permanece inseparable de ella. La superficie está poblada por una densa red de rostros —diversos, superpuestos e interconectados. Estas figuras no afirman una individualidad aislada; cada una está definida por su relación con las demás, compartiendo contornos, colores y límites estructurales. La identidad persiste, pero solo como fenómeno relacional.

La estructura compositiva refuerza esta lógica mediante un sistema tripartito claramente articulado. El registro superior presenta una franja de formas geométricas —círculos, triángulos y cuadrados— dispuestas con claridad y precisión. Estas formas no funcionan como símbolos fijos de la tradición islámica; más bien operan como un lenguaje visual de la abstracción, evocando la importancia de la geometría y el patrón en el arte islámico. El círculo sugiere unidad y continuidad; el cuadrado introduce estructura y orientación; los triángulos opuestos implican movimiento entre ascenso y descenso. Juntos forman un esquema cosmológico en el que unidad, manifestación y retorno coexisten.

Debajo de este registro geométrico, el campo central se desarrolla como una densa matriz de presencia humana. Los rostros emergen en la superficie —jóvenes, maduros y mayores—, pero ninguno alcanza plena autonomía. Sus límites se superponen, sus rasgos se desplazan y sus identidades permanecen condicionadas por el campo circundante. Esta multiplicidad no se disuelve, como en Buddhism, sino que se organiza dentro de un sistema que impide tanto el aislamiento como la jerarquía. Lo múltiple existe a través de lo uno, y lo uno solo es perceptible a través de lo múltiple.

El registro inferior introduce una dimensión reflexiva. Aquí, las formas se alargan y se difunden en bandas fluidas similares al horizonte, sugiriendo un plano de reflexión o manifestación. La ausencia de rostros en esta zona contrasta con la densidad del campo central, reforzando un movimiento desde la abstracción estructurada (arriba), hacia la multiplicidad vivida (centro), y finalmente hacia un estado de reflexión o proyección (abajo). La composición opera así simultáneamente en registros metafísicos, humanos y perceptivos.

Esta organización resuena con el modelo rizomático de Gilles Deleuze y Félix Guattari², en el que el significado emerge de conexiones distribuidas en lugar de estructuras jerárquicas. La red de rostros funciona como una multiplicidad sin centro, pero a diferencia de un rizoma completamente abierto, permanece regulada por un orden implícito. Esta tensión entre distribución y unidad produce un campo en el que las relaciones son simultáneamente libres y estructuradas.

La inestabilidad del significado dentro de este sistema se alinea con la concepción del signo de Roland Barthes como constantemente diferido³. Los rostros, ojos y formas geométricas nunca se fijan en interpretaciones definitivas; funcionan como significantes móviles cuyo sentido depende de su posición dentro de la red total. Esta condición se intensifica aún más con la noción de différance de Jacques Derrida⁴, según la cual la identidad se constituye mediante la diferencia y la postergación. Ningún elemento alcanza una presencia autónoma; cada uno existe como huella en una cadena de relaciones.

Un paralelo filosófico más profundo aparece en la obra de Nāgārjuna⁵, especialmente en la formulación de la vacuidad como surgimiento dependiente. Según la interpretación de Jay L. Garfield⁶, los fenómenos son vacíos no porque no existan, sino porque carecen de esencia independiente. Aunque proviene de otra tradición, este marco ilumina la lógica compositiva de Virtosu: las formas en Islam no existen de manera independiente, sino que emergen a través de condiciones relacionales.

La estructura cromática de la pintura refuerza aún más este sistema. A diferencia de las transiciones cromáticas fluidas en Buddhism, aquí el color está más contenido y estructurado. Zonas cromáticas diferenciadas definen y separan las formas, mientras que tonos recurrentes establecen conexiones a través de la superficie. El color actúa como un agente unificador que vincula elementos dispares sin anular sus diferencias.

La cuestión de la percepción se desestabiliza por la proliferación de formas oculares que sugieren una mirada distribuida. En relación con el concepto del “mirar” de Jacques Lacan⁷, la visión no puede situarse en un sujeto único. Surge en el propio campo, implicando al espectador en una red donde ver y ser visto son inseparables. Esta dinámica se refuerza con la fenomenología de Maurice Merleau-Ponty⁸, en la que la percepción se entiende como una relación encarnada y recíproca.

En última instancia, Islam funciona como una filosofía visual de la unidad en la multiplicidad. No representa narrativas o figuras religiosas, sino que reconstruye los principios estructurales del pensamiento islámico. La geometría sustituye a la iconografía, la relación sustituye al aislamiento y el sistema sustituye a la fragmentación. La pintura se convierte en un campo en el que identidad, percepción y significado se producen continuamente dentro de una unidad superior que no puede representarse directamente, sino solo realizarse.

Biografía del artista

Gheorghe Virtosu es un pintor contemporáneo cuyo trabajo explora la intersección entre sistemas simbólicos, filosofía y abstracción visual. Su práctica aborda estructuras de creencias globales y marcos teóricos, traduciéndolos en composiciones complejas que enfatizan la transformación, la interconexión y la inestabilidad del significado. A través de la serie 10 Religions, Virtosu investiga fundamentos conceptuales compartidos entre diversas culturas, invitando al espectador a un proceso interpretativo activo y reflexivo.

Notas técnicas

Realizada en óleo sobre lienzo a escala monumental (2 × 6 metros), la obra crea un entorno visual inmersivo. Las capas de pintura generan profundidad y complejidad espacial, mientras que la interacción entre precisión geométrica y forma orgánica produce una tensión entre orden y fluidez. La estructura cromática controlada distingue esta obra dentro de la serie y refuerza su énfasis en la unidad y el sistema.

Agradecimientos

Presentado por El Arte Monumental

Equipo curatorial: Daniel Varzari

Fotografía: Courtesy of El Arte Monumental

Agradecimientos especiales: Daniel Varzari

Notas

  1. Gilles Deleuze and Félix Guattari, A Thousand Plateaus.
  2. Roland Barthes, Mythologies.
  3. Jacques Derrida, Of Grammatology.
  4. Jay L. Garfield, The Fundamental Wisdom of the Middle Way.
  5. Jacques Lacan, The Four Fundamental Concepts of Psychoanalysis.
  6. Maurice Merleau-Ponty, Phenomenology of Perception.

Bibliografía seleccionada

  • Barthes, Roland. Mythologies.
  • Derrida, Jacques. Of Grammatology.
  • Deleuze, Gilles, and Félix Guattari. A Thousand Plateaus.
  • Garfield, Jay L. The Fundamental Wisdom of the Middle Way.
  • Lacan, Jacques. The Four Fundamental Concepts of Psychoanalysis.
  • Merleau-Ponty, Maurice. Phenomenology of Perception.